Quizás no tiene un sentido concreto pero para bien, no para mal. Para mal se refiere a caer en el hoyo negro de la incertidumbre y la ansiedad, en la profunda desolación que se siente ante la nula respuesta del universo a la pregunta de “¿Para qué vine a este mundo? o ¿Cuál es mi propósito?”. Esa incertidumbre genera algo así como un vacío existencial muchas veces inconsciente, una nostalgia permanente. Para bien es cuando logramos darnos cuenta de que, como no hay un sentido predeterminado, podemos darle a la vida el sentido que queramos, el que nosotrs elijamos. Frente a la pregunta de “¿Para qué vine a este mundo?” se me hace a ratos hasta obvio que primero hay que vivir la vida para averiguarlo. ¿Cuál es la probabilidad de saber algo antes de haberlo experimentado? Soy responsable de elegir cómo quiero vivir esta vida sinsentido en la que -inevitablemente y sin posibilidad de elección- caímos, sobretodo lxs que hemos tenido realidades privilegiadas. Cómo quiero ser con el resto, cómo quiero que sean conmigo, saber cuáles son las cosas relevantes, las que te hacen vibrar las venas, como el amor, ¿entrego suficiente amor a los demás? Es real que en cualquier momento puedo dejar de existir y no quiero que ese momento me sorprenda trabajando. Que me encuentre visitando a mi familia, en la comodidad de mi pieza o regando las plantitas, pero que no me pille sin haber aprovechado de ser consciente de –casi- cada uno de mis momentos. Lxs niñxs y lxs animales (no humanos) comprenden inherentemente el concepto de vivir el momento, el ahora, donde lo más importante es comer, dormir, jugar, compartir y entregar (y recibir) amor. Creo que esa es la verdad de la milanesa (vegetal) y el resto es challa, como dicen. No quiero que esto se interprete como un discurso pesimista (a veces me preocupa pensar que contagio pesimismo). Con todo esto del sinsentido, no es que no se me haya pasado alguna vez por la cabeza terminar con todo antes de tiempo, pero, ¿para qué adelantar algo que inevitablemente va a suceder sin excepción? Creo que es más sensato relajarse –relajarse es entregarse-, trabajar la paciencia y mientras tanto saber disfrutar de las cosas que tenemos (como el privilegio que es poder compartir con tanta infinidad y variedad de seres en un mismo universo), saber elegir qué queremos, aunque mañana queramos otra cosa, saber distinguir entre lo esencial y lo innecesario, aprovecharnos, apapacharnos, no sobrecargarnos con más de lo que podemos manejar y no sentirnos mal si no queremos manejar nada en realidad, pensar en el resto antes que en una, sin dejarse de lado a una. Ser humildes y receptivxs siempre. Almas receptivas y compasivas, por siempre y para siempre, hasta el infinito.