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lunes, 13 de noviembre de 2023

En el apogeo de los síntomas sin origen

 Hace varios años que esto empezó, pero ahora estoy peor que nunca. Cuando quiero estar de pie, con el estómago hacia adentro y la columna derecha, siento que mi abdomen y mi columna hacen un esfuerzo enorme por mantener esa posición, como estar haciendo una plancha eterna, muy incómoda, pero no llega a ser dolor. Es una especie de fatiga, de sentir que en cualquier momento mi columna va a sucumbir ante el esfuerzo y se va a quebrar. Mi cuerpo descansa mucho con el abdomen afuera y la columba encorvada.

¿Viste cuando uno sostiene alguna cosa o alguna posición por mucho tiempo, que el cuerpo se empieza a fatigar, empieza a temblar, a sentir como que se va a desmoronar? Eso es lo que siento todo el tiempo, solo por el hecho de tener que existir y sostener mi tronco (y es lo que siente mi cuello de sostener mi cabeza, que está bien, es gigante, pero nunca tanto)(o por lo menos mi cuello estaba entrenado). Suena exagerado, siempre he sido buena para la hipérbole, pero así se siente a niveles invisibles para el ojo externo. Algunos días más, otros días menos. No puedo evitar pensar en ¿qué trabajo podría mantener? Si cada día tengo menos control sobre mi cuerpo y mi voz. A veces me da mucha pena escucharme, sentir cómo se me engola la voz y se me abre la garganta. Y tengo que hacer un gran esfuerzo para poder terminar lo que estoy diciendo. Sumado a la dificultad de tratar de hablar con la pena en la garganta por no poder dejar de hablar extraño. Porque extraño cómo hablaba antes. Porque ya ni siquiera me acuerdo. Trato de pensar ahora en el sonido de mi voz y no soy capaz de recordarlo. Si pienso en la voz de mis seres queridos, se me vienen como un flechazo de sonido en el que escucho sus timbres, los recuerdo. Pero si pienso en la mía, no. Se fue. Y quiero que vuelva.

sábado, 22 de julio de 2023

La sonrisa

La sonrisa que echo de menos
no es poesía ni una canción,
es la marca genuina del amor
en un rostro desorientado,
mirando hacia todos lados
con la esperanza de encontrar algo que de sentido al camino,
algo que quizás no existe.

Pero, entre toda esta confusión,
pasan cosas,
se pasa bien.


Vemos un atardecer
o una película que habíamos olvidado.
La cara de un ser amado,
escuchamos un chiste.

Y aparece, infingible.

Extraño la mía
¿Volverá?

viernes, 5 de mayo de 2023

Luna llena y las nubes bailando

    Veo fotos mías de hace unos años y veo días en donde me sentía a gusto con la cara que habito. Donde mi cuerpo no era una cárcel y podía lamentarme en paz sobre cosas que ahora me parecen tan pequeñas (lamentarme, pero disfrutarlas igual). Pese a toda esta inacción motivacional que estoy teniendo hace un tiempo, salí en la madrugada a buscar la compañía de un humito y no puedo explicar lo que fue ver esa luna encima mío. Luna llena y llena de nubes al rededor. Estaba rodeada por un círculo de colores entre azulado y violeta, y las nubes hacían como un bailecito hacia ella, como si la luna fuera un enorme imán de luz y las nubes todas luciérnagas hechas de vapor y metal. Me acosté en el piso, se movían muy rápido, pero si me concentraba bien, me daba cuenta de que en realidad se movían muy lento, casi nada. Era como el efecto que veo en las nubes cuando he estado en modo alucinógeno, que las veo moverse como humo de cigarro, y yo sé que no es real pero se logra ver tan claro. En fin, entré, armé mi cámara y volví a acostarme mirando al cielo porque no quería olvidar ese momento nunca. Soy tan feliz cuando el silencio de todo lo que es inmensamente más grande que yo me abruma con su tamaño; como el mar, el cielo o la cordillera. Me hace sentir tranquila saber que, no importa lo que pase, no importa cuánto amemos o suframos o hagamos el bien o el mal, el universo es imperturbable y nada de lo que hagamos lo va a sacar de su curso. 



Enfoco un plano más cercano al de las nubes; miro a los árboles y siento envidia. Tan serenos que existen cuando todo aquí afuera es un caos. Qué daría por ser un sauce llorón y vivir relajada, bailar cuando corra viento, recibir solcito o agua cuando llueva. Dormir bajo el alero de las estrellas, ser hogar de tanta vida diminuta y, por sobre todo, alejarse del ruido artificial. Ni siquiera enterarse de que existe el ruido. No lidiar con cesantías, inseguridades, hombres fantasma, plata o frío. Qué daría por ser un árbol o un pájaro volando lejos, aunque me coma otro pájaro más grande. 



Hoy es 5 del 5. Mi número por dos y el cumpleaños de mi capitán.